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La crisis de confianza en Colombia y la búsqueda de un futuro mejor

Entre la desconfianza y la esperanza, los colombianos imaginan el 2046
Cuando los colombianos imaginan su país en 2046, no visualizan una sociedad perfecta. Imaginan una nación pacífica en lugar de violenta, sostenible en lugar de destructiva, empática en lugar de dividida. Sobre todo, imaginan un país donde la confianza —uno de los recursos más agotados de Colombia— se haya reconstruido de alguna manera.
Esa aspiración surge de Voces para un Futuro Digno: Colombia hacia 2046, una encuesta nacional realizada por el Centro de Investigación Social que recogió las respuestas de más de 300 colombianos en todo el país. Al examinar la confianza institucional, los temores sociales, las expectativas políticas, las percepciones sobre el trabajo y las visiones del futuro, los hallazgos revelan una paradoja sorprendente. Los colombianos son profundamente escépticos respecto a muchas de las instituciones que los gobiernan, pero siguen siendo notablemente esperanzados sobre el potencial a largo plazo de su país.
La encuesta dibuja el retrato de una sociedad suspendida entre la ansiedad y el optimismo, entre la incertidumbre y la resiliencia.
Las palabras que los encuestados utilizan para describir el presente revelan mucho sobre el estado de ánimo nacional. "Incierto" fue seleccionado por el 59,5 por ciento de los encuestados, mientras que "inestable" fue elegido por el 58,9 por ciento. "Complejo" le siguió de cerca con un 56,9 por ciento. En conjunto, estas respuestas sugieren una sociedad que se percibe a sí misma navegando por un período difícil e impredecible.
En contraste, los colombianos recuerdan los años entre 2000 y 2020 de manera algo diferente. Si bien ese período también fue considerado complejo, se asoció con mayor frecuencia al dinamismo, la competencia y el movimiento. Muchos encuestados recordaron la inestabilidad, pero también recordaron la oportunidad y el progreso. El presente, en comparación, parece menos esperanzador y menos enérgico.
Sin embargo, cuando los colombianos describen el futuro que desean, el tono cambia drásticamente. Casi nueve de cada diez encuestados (89,6 por ciento) seleccionaron "sostenible" como una característica definitoria de su Colombia ideal. Más de seis de cada diez (61,9 por ciento) eligieron "empática", lo que la convierte en el segundo rasgo más deseado. Los futuros dinámicos, competitivos e interesantes también obtuvieron una alta valoración.
El mensaje es claro: los colombianos no desean solamente crecimiento económico. Quieren una sociedad ambientalmente responsable, socialmente cohesionada y capaz de reconocer la dignidad de sus ciudadanos.
Confianza en el conocimiento, desconfianza en el poder
Los hallazgos más reveladores de la encuesta se refieren a la confianza institucional.
Entre las doce principales instituciones evaluadas, el sistema educativo y el ámbito académico empataron en el primer lugar, recibiendo cada uno una puntuación media de confianza de 3,77 sobre 5. Las industrias creativas les siguieron de cerca con 3,61, y el sector de tecnología de la información justo detrás con 3,60.
Las organizaciones comunitarias y las empresas también obtuvieron resultados relativamente buenos, lo que sugiere que los colombianos siguen depositando su confianza en la acción cívica local, el emprendimiento y los sectores impulsados por el conocimiento.
En el extremo opuesto de la clasificación se encuentran los centros tradicionales de poder político de Colombia. El Congreso recibió la puntuación de confianza más baja, con apenas 2,33 sobre 5. El sistema judicial le siguió con 2,44, mientras que el propio gobierno obtuvo 2,60.
La brecha entre las instituciones de mayor y menor confianza alcanza 1,45 puntos, una división inusualmente amplia que refleja una profunda crisis de credibilidad en la autoridad política formal.
Los hallazgos sugieren que los colombianos creen cada vez más que las soluciones no surgirán de los políticos, sino de los educadores, científicos, innovadores, emprendedores y comunidades.
Esta tendencia es especialmente visible entre los encuestados más jóvenes. Entre los participantes de 16 a 29 años, el 71,9 por ciento expresó una alta confianza en el sistema educativo, mientras que el 70,8 por ciento manifestó una alta confianza en el ámbito académico y la ciencia. El sector de TI recibió un nivel de confianza igualmente fuerte entre los jóvenes.
Para muchos colombianos, el conocimiento se ha vuelto más creíble que el poder.
Una sociedad en busca de un liderazgo creíble
La desconfianza en el gobierno se extiende a la mayoría de los grupos demográficos.
Casi la mitad de los encuestados (49,5 por ciento) calificó al gobierno negativamente, asignando puntuaciones de uno o dos sobre cinco. Solo el 26,4 por ciento expresó una confianza positiva otorgando puntuaciones de cuatro o cinco.
Sin embargo, los datos no sugieren un rechazo total. Revelan, más bien, un escepticismo generalizado hacia las instituciones percibidas como ineficaces, inconsistentes o desconectadas de las preocupaciones ciudadanas.
El contraste entre la confianza en la educación y la desconfianza en la política es particularmente notable. Mientras que el Congreso y el poder judicial luchan por ganar legitimidad, las escuelas, las universidades y las instituciones científicas gozan de una amplia confianza pública.
Quizás lo más destacable sea el patrón observado en las regiones afectadas por el conflicto. Los encuestados que viven en territorios de posconflicto registraron algunos de los niveles más altos de confianza en la educación y el ámbito académico de toda la encuesta, con calificaciones medias de 4,26 y 4,47 respectivamente.
Para las comunidades que han experimentado la violencia y la inestabilidad de primera mano, el conocimiento parece representar no solo oportunidad, sino también recuperación y esperanza.
Los riesgos que configuran el futuro de Colombia
Si los colombianos discrepan sobre la política, están notablemente unidos a la hora de identificar los peligros que creen que amenazan el futuro.
Las crisis económicas y la desigualdad emergieron como el riesgo seleccionado con mayor frecuencia, elegido por el 64,9 por ciento de los encuestados. El cambio climático y la degradación ambiental le siguieron de cerca con un 58,5 por ciento.
Los conflictos geopolíticos ocuparon el tercer lugar, mientras que la disminución de la confianza en las instituciones y las preocupaciones sobre los retrocesos en el proceso de paz también figuraron de manera destacada.
Estas preocupaciones no son abstractas. Casi la mitad de los encuestados (47,2 por ciento) vive en territorios afectados por el conflicto, condiciones de posconflicto o riesgos de seguridad continuos.
Para muchos colombianos, la inestabilidad no es una posibilidad teórica. Es parte de la vida cotidiana.
Entre los encuestados más jóvenes, el cambio climático emergió como la principal preocupación, seleccionado por el 65,2 por ciento. Las crisis económicas le siguieron con un 60,7 por ciento, lo que pone de relieve la doble importancia de la sostenibilidad ambiental y la seguridad económica para la próxima generación.
La tecnología ocupa una posición más ambigua. Si bien la inteligencia artificial y el cambio tecnológico fueron identificados como riesgos por aproximadamente una quinta parte de los encuestados, el sector de TI sigue estando entre las instituciones de mayor confianza del país.
Por tanto, la tecnología se percibe simultáneamente como una fuente de oportunidad y de incertidumbre.
La corrupción sigue siendo la mayor amenaza
Cuando se pidió a los encuestados que respondieran a preguntas abiertas sobre el futuro de Colombia, un tema apareció con más frecuencia que cualquier otro: la corrupción.
La corrupción fue el peligro mencionado con mayor frecuencia que enfrenta el país, seguida de la violencia, los grupos armados, la mala gobernanza y la polarización política.
La prominencia de la corrupción refleja una frustración más profunda con el desempeño institucional y la rendición de cuentas. Muchos encuestados asociaron la corrupción no simplemente con la mala conducta financiera, sino con fallas más amplias de liderazgo, transparencia y confianza pública.
Para los ciudadanos que viven en zonas afectadas por el conflicto, las preocupaciones sobre la gobernanza son a menudo inseparables de las preocupaciones sobre la paz, la justicia y la seguridad.
La encuesta sugiere que los colombianos ven la corrupción no meramente como un problema político, sino como una barrera para el propio desarrollo nacional.
Viviendo con incertidumbre
Quizás ningún hallazgo capta el estado de ánimo nacional con mayor claridad que las respuestas emocionales.
La incertidumbre fue la emoción más común asociada con el futuro de Colombia, representando casi el 30 por ciento de las respuestas. La esperanza ocupó el segundo lugar con poco más del 17 por ciento.
Cuando la incertidumbre se combina con el miedo, la ansiedad y la preocupación, las emociones negativas representan casi la mitad de todas las respuestas.
Sin embargo, la desesperación no domina.
La esperanza sigue siendo una de las corrientes emocionales más fuertes que atraviesa la encuesta. Muchos encuestados reconocen simultáneamente los desafíos de Colombia y expresan confianza en el potencial a largo plazo del país.
Esta coexistencia de ansiedad y optimismo puede ser una de las características definitorias de la sociedad colombiana contemporánea.
Los ciudadanos se preocupan por el futuro, pero no se han rendido ante él.
Por qué la educación se ha convertido en el faro institucional de Colombia
Si hay una institución que emerge como la vía de mayor confianza hacia un futuro mejor en Colombia, es la educación.
El sistema educativo y el ámbito académico ocupan las posiciones más altas en las clasificaciones de confianza. Los encuestados asociaron repetidamente la educación con la oportunidad, la responsabilidad, la innovación, la movilidad social y la conciencia ambiental.
Cuando se les preguntó cómo deberían abordarse los riesgos futuros, el 46,2 por ciento de todos los encuestados apoyó la creación de un nuevo sistema educativo. Entre los encuestados más jóvenes, el apoyo ascendió al 51,7 por ciento.
Aunque la reforma educativa no fue la solución seleccionada con mayor frecuencia en general, siguió siendo una de las respuestas con mayor respaldo y superó significativamente propuestas como la digitalización total o la autoeducación individual.
Los hallazgos sugieren que muchos colombianos ven cada vez más las escuelas, universidades e instituciones de investigación como cimientos para el desarrollo nacional a largo plazo.
En un país donde la confianza en la política sigue siendo escasa, la educación se ha convertido en un faro institucional.
El futuro del trabajo: entre la IA y la conexión humana
Los colombianos esperan cambios profundos en el mundo laboral para 2046.
El escenario más comúnmente seleccionado fue aquel en el que la tecnología se hace cargo de las tareas rutinarias, elegido por el 39,5 por ciento de los encuestados. Muy cerca estuvieron las visiones de un trabajo más colectivo y orientado a la comunidad (36,8 por ciento) y la continuidad de los empleos existentes bajo la supervisión de la inteligencia artificial (35,8 por ciento).
El casi empate entre estos escenarios es revelador.
Los colombianos no imaginan el futuro únicamente como una historia de automatización. También visualizan formas más sólidas de colaboración y acción colectiva.
Muchos encuestados esperan que el trabajo remoto se generalice, mientras que un número creciente considera que la restauración ambiental pasará a formar parte de su futuro profesional.
Al mismo tiempo, casi uno de cada diez encuestados cree que su grupo profesional podría volverse completamente obsoleto.
Se espera que el futuro del trabajo sea más ecológico, más digital y más incierto, pero no necesariamente menos humano.
Quedarse y construir
A pesar de la insatisfacción generalizada con las instituciones, los colombianos no han renunciado al país en sí.
Casi el 62 por ciento imagina su futuro en Colombia, con empleo estable y vivienda propia. Solo el 5 por ciento planea emigrar permanentemente.
Este hallazgo desafía una suposición común de que la migración es la vía preferida hacia una vida mejor.
La mayoría de los encuestados no quiere irse.
Quieren que Colombia funcione.
La encuesta apunta repetidamente hacia una distinción entre la desconfianza en las instituciones y la creencia en la sociedad. Los colombianos pueden estar frustrados con el desempeño del gobierno, pero siguen depositando su confianza en las comunidades, los educadores, los emprendedores, los científicos y los ciudadanos comunes.
Cuando se les preguntó sobre el mayor recurso de Colombia, los encuestados señalaron con mayor frecuencia a las propias personas: su talento, resiliencia, creatividad y capacidad de trabajo arduo.
La biodiversidad, la educación y la cultura le siguieron detrás.
De manera notable, casi el 28 por ciento de los participantes se identificó a sí mismo como emprendedor, lo que refuerza una creencia más amplia de que la transformación vendrá de la iniciativa y el esfuerzo colectivo, más que únicamente del Estado.
Una búsqueda de razones para creer
En conjunto, la encuesta dibuja el retrato de una nación en busca de confianza.
Los colombianos se preocupan por la corrupción, la desigualdad, el cambio climático, la debilidad institucional y la posibilidad de un resurgimiento de la violencia. Describen el presente como incierto, inestable y complejo. Depositan relativamente poca confianza en muchas de las instituciones que ejercen el poder político.
Sin embargo, siguen creyendo en la educación, la ciencia, el emprendimiento, la creatividad y la acción cívica. Imaginan un futuro sostenible, próspero, pacífico y empático. Ven su mayor fortaleza no en los recursos naturales ni en las instituciones políticas, sino en las propias personas.
El desafío que enfrenta Colombia no es, por tanto, la falta de visión.
Es la falta de confianza.
Hasta que las instituciones puedan cerrar la brecha de credibilidad que las separa de las escuelas, universidades, comunidades científicas y organizaciones locales, el futuro de Colombia permanecerá suspendido entre la esperanza y la duda.
Sin embargo, la encuesta también ofrece un poderoso recordatorio. A pesar de los escándalos de corrupción, la frustración política, la incertidumbre económica y los temores sobre el futuro, la mayoría de los colombianos no ha dejado de creer en la posibilidad de un país mejor.
No buscan una escapatoria.
Buscan razones para creer.
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