Los jóvenes son también quienes reportan el mayor nivel de incertidumbre frente al futuro: el 54% afirma sentir ansiedad o incertidumbre cuando piensa en Colombia dentro de veinte años. Sin embargo, al mismo tiempo son el grupo que más cree en la posibilidad de construir un país diferente: ocho de cada diez imaginan una Colombia sostenible, dinámica, empática y con mejores oportunidades para las próximas décadas.
Lejos de esperar soluciones exclusivamente desde la política, esta generación parece depositar su esperanza en el conocimiento. Cuando se les preguntó qué necesita Colombia para construir un futuro sostenible, la respuesta más mencionada no fue una reforma política ni una mayor digitalización. El 78% eligió un nuevo sistema educativo como el principal motor de transformación, seguido por una mayor responsabilidad ambiental (65%) y la articulación entre Estado, empresas y ciudadanía (59%).
Las prioridades de esta generación también desmontan varios estereotipos. Aunque crecieron en medio de la revolución digital, apenas el 31% considera que la digitalización total sea la principal respuesta a los desafíos del país. En cambio, el 89% sueña con una Colombia sin grupos armados ni narcotráfico; el 86% prioriza el trabajo digno y la prosperidad económica; el 79% , el equilibrio ecológico; y el 74% , el respeto pleno por los derechos humanos.
En materia laboral, los jóvenes no rechazan la inteligencia artificial, pero tampoco creen que el futuro pertenezca exclusivamente a las máquinas. El 72% considera que la tecnología asumirá las tareas rutinarias, el 58% imagina un trabajo mayoritariamente remoto y el 41% cree que las personas seguirán desempeñando sus funciones con el apoyo de sistemas de inteligencia artificial. Apenas uno de cada cuatro piensa que su profesión desaparecerá por completo.
Paradójicamente, el mayor temor de esta generación no está en la tecnología. La corrupción aparece como la principal amenaza para el futuro de Colombia (74 %), seguida por la violencia y el conflicto armado (59%), el mal gobierno (48%) y la polarización política (31%).
Este hallazgo coincide con tendencias identificadas por organismos internacionales. La
OCDE, en su informe Gobernanza para la Juventud, Confianza y Justicia Intergeneracional advierte que la confianza de los jóvenes en los gobiernos ha disminuido en numerosos países y que las nuevas generaciones tienden a depositar mayor esperanza en instituciones capaces de generar conocimiento, participación y oportunidades de largo plazo. Por su parte, la
UNESCO sostiene que la educación se ha convertido en una herramienta clave para enfrentar la incertidumbre que generan la crisis climática, la transformación tecnológica y los cambios sociales, mientras
UNICEF, en el informe
El Estado Mundial de la Infancia 2021 ha advertido que, pese al aumento de la ansiedad entre adolescentes y jóvenes, destaca la importancia de fortalecer factores protectores como la educación, la participación y el sentido de pertenencia para enfrentar la incertidumbre sobre el futuro.