Un nuevo análisis del
Social Research Center (SRC), basado en las respuestas de expertos en economía, comercio y relaciones internacionales, advierte que el conflicto en Medio Oriente está generando un impacto indirecto pero significativo en América Latina, especialmente en el costo de vida, la inflación y la seguridad alimentaria.
Aunque la región no está involucrada directamente en el conflicto, su alta dependencia de insumos importados como
combustibles y
fertilizantes la hace particularmente vulnerable a choques externos.
El informe señala que la volatilidad energética ya es visible: datos de la
EIA muestran que el
petróleo Brent llegó a superar los
USD 100 por barril tras el aumento de tensiones en Medio Oriente; además, los
precios de fertilizantes como la urea, que ha registrado incrementos de hasta
38%— está presionando los costos de producción y, en consecuencia, los precios de los alimentos.
“El impacto del conflicto no es directo, pero sí profundamente económico: afecta la inflación, el costo de vida y la estabilidad social”, señala Lorraine Elizabeth Castro Mendoza, coordinadora del Grupo empresarial Excomin y una de las expertas consultadas.
Esta situación podría agravar los problemas estructurales ya presentes en la región, como inflación persistente, presión fiscal y dependencia de importaciones estratégicas. Según datos citados en el estudio, la inflación anual en
Colombia alcanzó el
5,29% en febrero de 2026, mientras organismos internacionales alertan sobre un posible aumento global en costos agrícolas y energéticos.
El informe también destaca que no existe un consenso claro entre actores políticos y económicos sobre cómo responder a esta crisis. Mientras algunos sectores promueven subsidios y mayor intervención estatal, otros advierten sobre los riesgos fiscales y la necesidad de ajustes estructurales.
Además, el análisis identifica riesgos a corto, mediano y largo plazo:
- Corto plazo: aumento inmediato en precios de energía y alimentos
- Mediano plazo: desaceleración económica y presión fiscal
- Largo plazo: necesidad de transformación estructural y menor dependencia externa
El SRC concluye que esta crisis expone una vulnerabilidad estructural en las economías latinoamericanas y resalta la urgencia de avanzar hacia modelos más resilientes, con mayor producción local, diversificación económica y seguridad energética y alimentaria.