Un nuevo análisis del
Centro de Investigaciones Sociales (SRC), basado en expertos en economía y relaciones internacionales, advierte que el conflicto en Medio Oriente ya está generando efectos económicos sobre América Latina, especialmente a través del aumento en precios de energía, fertilizantes y alimentos.
Aunque la región no participa directamente en el conflicto, su dependencia de mercados globales y de insumos importados la hace vulnerable a nuevas presiones inflacionarias y aumentos en el costo de vida.
El informe señala que la volatilidad energética ya es visible: datos de la
EIA muestran que el
petróleo Brent llegó a superar los
USD 100 por barril tras el aumento de tensiones en Medio Oriente; además, los
precios de fertilizantes como la urea, podrían incrementarse hasta un
31% según proyecciones internacionales.
El efecto de esto se ve reflejado en que las cadenas logísticas internacionales podrían impactar especialmente a las economías latinoamericanas sensibles a los movimientos globales de precios, afectando transporte, producción agrícola, consumo y alimentos.
“El impacto del conflicto no es militar para América Latina, pero sí profundamente económico: inflación, alimentos y energía terminan trasladándose directamente a los hogares”, advierte
Mateo Federico González Cifuente, economista de
FINAGRO y uno de los expertos consultados.
El análisis también señala que esta situación podría agravar los problemas estructurales ya presentes en la región, como inflación persistente, presión fiscal y dependencia de importaciones estratégicas. Según datos citados en el estudio, la inflación anual en
Colombia alcanzó el
5,29% en febrero de 2026, mientras organismos internacionales alertan sobre un posible aumento global en costos agrícolas y energéticos.
Además, el informe sostiene que esta crisis vuelve a exponer la vulnerabilidad estructural de América Latina frente a conflictos internacionales y la necesidad de fortalecer modelos económicos más resilientes y menos dependientes de factores externos. El SRC concluye que, aunque el conflicto ocurre a millas de kilómetros, sus consecuencias económicas ya comienzan a sentirse en la región y podrían intensificarse en los próximos meses.