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Incertidumbre económica y expectativas cotidianas: cómo los colombianos ven su futuro financiero hacia 2046

Entre el miedo y la aspiración, una nación negocia su futuro económico
Para muchos colombianos, el futuro se mide en términos económicos cotidianos: el precio de los alimentos, la posibilidad de comprar una vivienda, la seguridad de conservar un empleo y la esperanza de que la próxima generación viva mejor que la anterior.
Las palabras que se utilizan con mayor frecuencia para describir la Colombia de hoy —incierta, inestable, compleja y frágil— reflejan algo más que frustración política. Hablan de preocupaciones cotidianas sobre el empleo, los precios, las oportunidades y la capacidad de planificar el mañana.
Detrás de las estadísticas subyace una pregunta compartida: ¿será la vida más segura dentro de veinte años de lo que es hoy?
La más reciente encuesta Voces para un Futuro Digno: Colombia hacia 2046, realizada por el Centro de Investigación Social, ofrece una imagen detallada de cómo los colombianos imaginan su futuro económico. Los hallazgos revelan un país que sigue estando profundamente preocupado por la inestabilidad, pero que continúa creyendo que la prosperidad, la oportunidad y la dignidad son metas alcanzables.
El resultado es el retrato de una sociedad atrapada entre la ansiedad económica y la aspiración económica.
La economía como la mayor preocupación de Colombia
Entre todos los riesgos presentados en la encuesta, ninguno recibió más atención que la inseguridad económica.
Casi el 65 por ciento de los encuestados (194 personas) identificó las crisis económicas y la desigualdad como una de las mayores amenazas que enfrenta el futuro de Colombia. Ningún otro riesgo recibió más apoyo. El cambio climático le siguió de cerca con un 58,5 por ciento, mientras que los conflictos geopolíticos, la desconfianza institucional y las preocupaciones sobre el proceso de paz completaron la lista de las principales inquietudes.
Estos hallazgos sugieren que los colombianos no ven los desafíos económicos como cuestiones aisladas. La seguridad económica está conectada con la sostenibilidad ambiental, la estabilidad política y la cohesión social. Un futuro marcado por el aumento de la desigualdad o crisis económicas prolongadas no se percibe solo como un problema financiero, sino como una amenaza para el bienestar general del país.
El empleo también sigue siendo una preocupación significativa. Uno de cada cinco encuestados seleccionó la desaparición de los empleos tradicionales como un gran riesgo futuro, lo que refleja una creciente incertidumbre sobre la automatización, la inteligencia artificial y los cambiantes mercados laborales.
La encuesta sugiere que los colombianos no solo están preocupados por encontrar trabajo. Les preocupa si la naturaleza misma del trabajo cambiará fundamentalmente.
Lo que los colombianos quieren del futuro
Aunque los encuestados expresan preocupación por la incertidumbre económica, su visión del futuro sigue siendo notablemente ambiciosa.
Cuando se les preguntó qué tipo de Colombia esperan ver en 2046, la prosperidad económica y el trabajo decente emergieron como la aspiración más popular, seleccionada por el 88,3 por ciento de los participantes.
Este resultado se situó incluso por encima del respeto a los derechos humanos, la paz sin grupos armados o la restauración ambiental.
El hallazgo es revelador. La prosperidad económica no se considera un objetivo secundario que sigue al progreso social. Más bien, se ve como uno de los cimientos sobre los cuales debe construirse un futuro digno.
Sin embargo, la prosperidad por sí sola no es suficiente.
Los encuestados también expresaron un fuerte apoyo a los derechos humanos, la paz, el equilibrio ambiental y la sostenibilidad. El futuro deseado no es, por tanto, uno de crecimiento económico a cualquier costo. En cambio, los colombianos visualizan un desarrollo que mejore los niveles de vida preservando al mismo tiempo el bienestar social y ambiental.
Esta visión más amplia se refleja en otras partes de la encuesta. Casi el 90 por ciento de los encuestados describió su Colombia ideal como "sostenible", mientras que el 61,9 por ciento seleccionó "empática" como una característica definitoria del futuro.
El éxito económico, en el imaginario colombiano, es inseparable de la responsabilidad social.
Quedarse, irse y construir una vida
Las expectativas económicas influyen fuertemente en cómo las personas imaginan su futuro personal.
A pesar de la preocupación generalizada por la inestabilidad, la mayoría de los encuestados no ve la emigración como su solución preferida.
Más del 61 por ciento se imagina permaneciendo en Colombia con empleo estable y vivienda propia para 2046. Solo el 5 por ciento prevé emigrar permanentemente.
Estas cifras desafían la suposición común de que los colombianos asocian principalmente el éxito con abandonar el país.
Para la mayoría de los encuestados, el objetivo no es escapar.
Es la estabilidad.
Los resultados sugieren que muchos colombianos todavía creen que su futuro puede construirse en casa, siempre que las oportunidades económicas mejoren y las instituciones se vuelvan más eficaces.
Al mismo tiempo, casi el 20 por ciento visualiza un período de migración temporal antes de regresar eventualmente. Esto indica que la movilidad internacional se percibe a menudo como una estrategia de progreso, más que como una partida permanente.
Sin embargo, los colombianos no parten de la misma posición económica. Casi la mitad de los encuestados (49,5 por ciento) describió sus hogares como pertenecientes a una categoría estándar de ingresos medios —capaces de satisfacer las necesidades cotidianas, pero aún vulnerables a imprevistos—.
Otro 21,1 por ciento informó vivir al nivel de productos de primera necesidad, mientras que el 4,7 por ciento indicó que vivía en condiciones de supervivencia básica. Solo el 22,7 por ciento se describió a sí mismo como económicamente cómodo, y apenas el 2 por ciento declaró vivir en abundancia. Estas cifras sugieren que, para muchos colombianos, la inseguridad económica no es solo una preocupación futura, sino una realidad presente.
El futuro del trabajo: adaptación más que consenso
Si hay un ámbito en el que los colombianos muestran poca certeza, es el futuro del trabajo.
La encuesta no revela una visión dominante sobre cómo evolucionará el empleo en las próximas dos décadas.
En cambio, emergen tres escenarios en competencia casi por igual:
El 39,5 por ciento cree que la tecnología se hará cargo del trabajo rutinario.
El 36,8 por ciento cree que el trabajo se volverá más colectivo y orientado a la comunidad.
El 35,8 por ciento espera que la gente siga haciendo trabajos similares, pero bajo la supervisión de la IA.
Las escasas diferencias entre estas opciones ilustran una sociedad que intenta anticipar el cambio sin saber exactamente qué forma adoptará.
Entre los profesionales más jóvenes, Alexandra Ortega, ingeniera de sistemas que trabaja en el sector financiero de Bogotá, encarna un tipo diferente de tensión. Deposita una alta confianza en el sector de TI y en la empresa privada (4 sobre 5 en cada caso), mientras califica al gobierno y al Congreso con la puntuación más baja posible. Como muchos encuestados de industrias intensivas en conocimiento, ve la innovación y las instituciones impulsadas por el mercado como motores del futuro más fiables que el Estado.
Jaiber Andrés Mora Tocora, ingeniero de sistemas que trabaja en instituciones públicas y privadas, muestra un patrón completamente distinto. Califica a casi todas las instituciones de la encuesta —gobierno, educación, empresa, TI, academia— entre 4 y 5 sobre 5, un nivel de confianza inusualmente alto y uniforme. Espera que su campo se automatice y se traslade completamente a Internet para 2046 y, cuando se le preguntó cómo se siente respecto al futuro de Colombia, su respuesta fue simplemente: "Esperanza".
La inteligencia artificial ocupa un lugar particularmente complejo en la opinión pública.
Por un lado, el cambio tecnológico y la IA figuran entre los riesgos identificados con mayor frecuencia. Por otro, el sector de TI se sitúa entre las instituciones de mayor confianza de Colombia, recibiendo una puntuación media de confianza de 3,60 sobre 5.
Por tanto, la tecnología se percibe simultáneamente como una fuente de oportunidad y una fuente de incertidumbre.
Veintiocho encuestados creen que su grupo profesional podría desaparecer por completo para 2046. Óscar Contreras, profesor de música y productor de audio de Bogotá, es uno de ellos. Cuando se le preguntó cómo será su campo en 2046, eligió este desenlace para su propia profesión; cuando se le pidió que imaginara su propia vida dentro de veinte años, su respuesta fue simplemente: "No tengo un horizonte claro".
La encuesta también apunta hacia ocupaciones ambientales emergentes.
El quince por ciento de los encuestados visualiza un trabajo futuro vinculado a la restauración de ecosistemas y la recuperación ambiental, lo que sugiere que la sostenibilidad se está entendiendo cada vez más como un sector económico y no únicamente como un objetivo ambiental.
La economía humana
Uno de los hallazgos más reveladores aparece en las preguntas abiertas de la encuesta.
Cuando se pidió a los participantes que identificaran el mayor recurso de Colombia, la respuesta más común no fue el petróleo, los minerales, la infraestructura o las instituciones gubernamentales.
Fueron las personas.
Jimmy Ramírez, profesor de química, plasma esta convicción de manera directa. Cuando se le preguntó cuál es el mayor recurso de Colombia, respondió: "su gente, especialmente la educación, la diversidad cultural y la resiliencia de las comunidades". Para Jimmy, como para muchos encuestados, el camino hacia adelante pasa por las aulas más que por las instituciones.
Más del 31 por ciento de los encuestados identificó el talento humano, la creatividad, la resiliencia y la ética de trabajo como el activo más valioso del país. La biodiversidad ocupó el segundo lugar, mientras que la educación ocupó el tercero.
Este hallazgo ayuda a explicar varios otros patrones a lo largo de la encuesta.
Los colombianos depositan sistemáticamente una mayor confianza en las instituciones educativas, el ámbito académico, la ciencia y las organizaciones comunitarias que en las estructuras políticas tradicionales. El futuro se imagina menos como algo entregado por el Estado y más como algo construido colectivamente a través del conocimiento, el esfuerzo y la innovación.
De manera notable, casi el 28 por ciento de los participantes se identificó a sí mismo como emprendedor, lo que refuerza la importancia de la iniciativa individual dentro del imaginario económico del país.
La ansiedad económica y el paisaje emocional del futuro
Las preocupaciones económicas también se reflejan en cómo se sienten los encuestados respecto a los años venideros.
Cuando se les pidió que describieran sus emociones en relación con el futuro de Colombia, la incertidumbre emergió como la respuesta dominante, representando casi el 30 por ciento de todas las respuestas. La esperanza ocupó el segundo lugar con aproximadamente el 17 por ciento.
Cuando se combinan la incertidumbre, el miedo, la ansiedad y la preocupación, casi el 47 por ciento de los encuestados expresa emociones predominantemente negativas sobre el futuro.
Sin embargo, los hallazgos no apuntan hacia la desesperación.
La esperanza sigue siendo una corriente emocional significativa a lo largo de la encuesta. Muchos participantes reconocen simultáneamente los serios desafíos económicos y sociales, mientras siguen creyendo que la mejora es posible.
Esta coexistencia de preocupación y optimismo puede ser uno de los rasgos definitorios de la Colombia contemporánea.
La gente está preocupada por el futuro.
Pero no ha dejado de creer en él.
Un futuro que vale la pena construir
La historia económica que emerge de la encuesta no es ni de confianza ni de desesperación.
Los colombianos no creen que la prosperidad esté garantizada. Les preocupa la desigualdad, el empleo inestable, la debilidad institucional y las perturbaciones que puede traer el cambio tecnológico. Sin embargo, la encuesta revela algo igualmente importante: a pesar de estas preocupaciones, no han abandonado el futuro.
La mayoría de los encuestados todavía se imagina construyendo su vida en Colombia. Siguen creyendo que la educación, la innovación y el trabajo arduo pueden crear oportunidades. Cuando se les preguntó sobre el mayor recurso del país, no señalaron la riqueza natural ni las instituciones gubernamentales, sino a las personas: su talento, resiliencia, creatividad y capacidad de adaptación.
Ese puede ser el hallazgo económico más significativo de la encuesta.
El desafío que enfrenta Colombia no es la falta de ambición. Los colombianos saben lo que quieren: trabajo decente, seguridad económica, paz, sostenibilidad y la oportunidad de vivir con dignidad. El desafío es crear las condiciones que hagan alcanzables esas aspiraciones.
Detrás de cada porcentaje en esta encuesta hay un cálculo personal sobre el futuro: si una familia podrá comprar una vivienda, si un joven encontrará un trabajo significativo y si la próxima generación disfrutará de mayores oportunidades que la anterior.
Las cifras revelan incertidumbre. Pero también revelan determinación.
Por ahora, el futuro sigue sin escribirse. Y, a pesar de todo, la mayoría de los colombianos todavía cree que vale la pena construirlo.
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