Una crisis de confianza en las instituciones políticas
Quizás el hallazgo político más llamativo de la encuesta tenga que ver con la confianza institucional.
Entre las doce instituciones evaluadas, las instituciones políticas recibieron los niveles más bajos de confianza pública. El Congreso ocupó el último lugar, con una puntuación media de confianza de apenas 2,34 sobre 5, mientras que el sistema judicial obtuvo 2,44 y el gobierno 2,60.
Más de la mitad de los encuestados expresó bajos niveles de confianza tanto en el Congreso (57,9 por ciento) como en el sistema judicial (56,2 por ciento). Casi la mitad (49,5 por ciento) calificó al gobierno negativamente.
Estos hallazgos apuntan a una profunda crisis de legitimidad institucional.
Al mismo tiempo, los colombianos no han rechazado por completo las instituciones. Más bien, distinguen claramente entre las instituciones políticas y las instituciones basadas en el conocimiento. El sistema educativo y el ámbito académico surgieron como las instituciones de mayor confianza en la encuesta, recibiendo ambos una puntuación media de 3,77 sobre 5.
El contraste es significativo. Los colombianos parecen mucho más dispuestos a depositar su confianza en educadores, investigadores e instituciones científicas que en los representantes electos.
La brecha de confianza entre la institución de mayor confianza —la educación— y la de menor confianza —el Congreso— alcanza 1,45 puntos, lo que pone de relieve el alcance de la desilusión política.
¿Qué orientación política esperan los colombianos?
También se preguntó a los encuestados qué tendencia política creen que prevalecerá en Colombia para 2046.
Los resultados revelan un patrón claro.
En conjunto, el 64,5 por ciento de los encuestados proyectó que la futura orientación política de Colombia sería de derecha, mientras que el 35,5 por ciento anticipó un futuro predominantemente de izquierda.
La opción individual más seleccionada fue la de Derecha Liberal, elegida por el 35 por ciento de los encuestados, seguida de la Derecha Conservadora con un 28 por ciento. La Izquierda Liberal recibió un 21 por ciento, mientras que la Izquierda Conservadora atrajo un 12 por ciento.
Contrariamente a las suposiciones habituales sobre el cambio generacional, la encuesta no revela una división ideológica marcada entre los colombianos más jóvenes y los de mayor edad.
Entre los encuestados de dieciséis a veintinueve años, el 62,9 por ciento anticipó un futuro político de derecha. La cifra aumenta ligeramente entre los encuestados de cuarenta y siete a sesenta y cinco años, donde el 68,8 por ciento proyectó un futuro orientado a la derecha.
Las diferencias entre los grupos de edad son relativamente moderadas.
Más que indicar una polarización ideológica entre generaciones, los hallazgos sugieren expectativas generalizadas de que el futuro panorama político de Colombia seguirá estando mayoritariamente orientado al mercado y centrado en la iniciativa privada.
Jóvenes colombianos: críticos, pero comprometidos
Aunque los encuestados más jóvenes no difieren drásticamente de las generaciones mayores en sus proyecciones políticas, sí muestran patrones distintivos de confianza institucional.
Los jóvenes colombianos registran sistemáticamente niveles de confianza más altos que otros grupos de edad en la educación, el ámbito académico, la tecnología e incluso el gobierno.
Entre los encuestados de dieciséis a veintinueve años:
El 71,9 por ciento expresó una alta confianza en el sistema educativo.
El 70,8 por ciento expresó una alta confianza en el ámbito académico y la ciencia.
El 70,8 por ciento expresó una alta confianza en el sector de TI.
Los encuestados jóvenes también registraron una confianza algo mayor en las instituciones gubernamentales que los encuestados de mediana edad.
El gobierno recibió una puntuación media de 2,91 sobre 5 entre los participantes más jóvenes, en comparación con 2,41 entre los encuestados de treinta a cuarenta y seis años.
Estos hallazgos sugieren que los colombianos más jóvenes no son necesariamente más optimistas sobre la política en sí, pero siguen estando comparativamente más dispuestos a confiar en las instituciones capaces de generar cambios.
La educación, la innovación y el conocimiento parecen ocupar un lugar particularmente importante en el imaginario político de las generaciones más jóvenes.
La geografía y el conflicto moldean las expectativas políticas
Las expectativas políticas también varían según la experiencia territorial.
Casi la mitad de todos los participantes de la encuesta —el 47,2 por ciento— vive en territorios actualmente afectados por el conflicto, en riesgo de conflicto o que experimentan condiciones de posconflicto.
Los encuestados de zonas de posconflicto muestran algunos de los patrones más intrigantes de la encuesta.
Dentro de este grupo, la confianza en la educación alcanza 4,26 sobre 5, mientras que la confianza en el ámbito académico asciende a un impresionante 4,47 sobre 5: la puntuación más alta registrada para cualquier institución en cualquier categoría territorial.
En contraste, la confianza en el Congreso sigue siendo baja en todos los contextos territoriales.
Los hallazgos sugieren que las comunidades directamente afectadas por la violencia pueden otorgar una importancia particular a las instituciones del conocimiento como vehículos para la reconstrucción, la movilidad social y la construcción de paz.
La legitimidad política en estas regiones parece depender menos de los actores políticos tradicionales y más de las instituciones asociadas con el aprendizaje, las oportunidades y el desarrollo a largo plazo.
La corrupción y la violencia siguen siendo preocupaciones políticas centrales
Las respuestas abiertas revelan los temas que siguen dominando las preocupaciones políticas de los colombianos.
Cuando se les pidió que identificaran los mayores peligros del país, los encuestados mencionaron con mayor frecuencia la corrupción, citada por el 26,4 por ciento de los participantes. La violencia y los grupos armados le siguieron de cerca con un 24,1 por ciento.
Otras preocupaciones frecuentemente mencionadas fueron la mala gobernanza, la polarización política, la desigualdad y las deficiencias en la educación.
En conjunto, estas respuestas sugieren que los colombianos perciben los desafíos políticos no principalmente en términos ideológicos, sino en términos institucionales y éticos.
Las principales preocupaciones no son si el país se mueve hacia la izquierda o hacia la derecha.
Son si las instituciones funcionan eficazmente, si se puede reducir la corrupción y si se puede consolidar la paz.
Esta perspectiva se ve reforzada en otras partes de la encuesta. Más del 45 por ciento de los encuestados identificó una crisis de confianza en las instituciones como un gran riesgo futuro, mientras que el 41,1 por ciento expresó preocupación por el deterioro del proceso de paz.
La estabilidad política, la credibilidad institucional y la paz siguen estando profundamente interconectadas en el imaginario público colombiano.
Reforma, no rechazo
A pesar de la insatisfacción generalizada con las instituciones políticas, los encuestados no abogan por retirarse de la vida colectiva.
Por el contrario, expresan un fuerte apoyo a la reforma.
Cuando se les preguntó sobre las medidas necesarias para enfrentar los desafíos futuros, el 55,5 por ciento seleccionó la reforma de las instituciones del Estado, mientras que el 51,8 por ciento enfatizó la necesidad de cooperación entre el gobierno, las organizaciones privadas y los ciudadanos.
Un 46,2 por ciento adicional destacó la creación de un nuevo sistema educativo.
Estos hallazgos sugieren que los colombianos no están rechazando las instituciones por completo. Más bien, reclaman instituciones que sean más eficaces, confiables y receptivas.
La encuesta revela una población que busca la renovación, no la ruptura.
Una democracia bajo presión, pero no sin esperanza
El panorama político que emerge de la encuesta no es ni de colapso democrático ni de confianza institucional.
Los colombianos siguen siendo escépticos respecto a los gobiernos, los parlamentos y las estructuras políticas tradicionales. La corrupción, la violencia y la desconfianza institucional continúan moldeando las percepciones públicas del futuro.
Sin embargo, bajo ese escepticismo subyace un notable grado de aspiración cívica.
Los encuestados visualizan de manera abrumadora un futuro caracterizado por la prosperidad económica, el respeto a los derechos humanos, la paz y la sostenibilidad. Siguen depositando su confianza en la educación, la ciencia, las comunidades y el potencial humano.
La encuesta cuenta, por tanto, una historia llena de matices.
Los colombianos pueden desconfiar de la política tal como funciona actualmente, pero no han abandonado la idea del progreso colectivo. A medida que se acercan nuevas elecciones, el desafío para los líderes políticos no será simplemente ganar votos. Será reconstruir la confianza en instituciones que muchos ciudadanos consideran que no han estado a la altura de sus promesas.
El futuro imaginado por los colombianos no es antipolítico.
Es exigente.
Los ciudadanos esperan más de sus instituciones, más de sus líderes y más de la propia democracia. Que el sistema político colombiano pueda satisfacer esas expectativas puede resultar ser una de las preguntas definitorias del país en el camino hacia 2046.