Relaciones América Latina–India hacia 2026: Diversificación Estratégica, Variables Electorales y el Nexo de Seguridad en Expansión
Esta evaluación analítica se basa en una encuesta estructurada a expertos realizada por el Social Research Center (Centro de Investigaciones Sociales), que reunió a doce especialistas de Ecuador, Perú y Costa Rica en campos como las relaciones internacionales, la administración pública, la academia, los negocios y la gestión de cadenas de suministro. La encuesta examinó la trayectoria evolutiva de las relaciones entre América Latina e India hacia 2026, con especial atención a la diversificación económica, las presiones geopolíticas, la dinámica electoral y el creciente papel del mercenarismo en la configuración de los entornos de seguridad regionales e interregionales.
Las respuestas revelan una relación moldeada cada vez más por la necesidad estructural más que por la alineación retórica. La convergencia entre la complementariedad económica, la recalibración geopolítica, la incertidumbre electoral y los riesgos de seguridad, particularmente el mercenarismo, define la trayectoria hacia 2026.
A través de las respuestas, surge un tema central: la diversificación ya no es opcional; es estratégica.
I. Complementariedad económica y expansión de sectores estratégicos
 
Antonella Vallejo (Ecuador, Consultora Junior, Akila Dignidad Org) sostiene que las relaciones están impulsadas cada vez más por el "pragmatismo económico y el realineamiento geopolítico", enfatizando la diversificación de las cadenas de suministro y una mayor coordinación en foros multilaterales.
Pedro Granda (Ecuador, Profesor por tiempo parcial, Universidad de Las Américas) observa de manera similar que "las interrupciones en la globalización y la erosión de alianzas de larga data resaltan la importancia de diversificar los socios estratégicos en un momento de disputas globales y multipolaridad".
Desde Perú, Marggiori Coraima García (Oficial de Certificación Municipal, Municipalidad Distrital de Pataz) enfatiza una dimensión cualitativa de la cooperación, afirmando que el compromiso debe fomentar "una cooperación más horizontal, que vaya más allá de la mera 'inversión' o 'extracción' y se centre en construir relaciones a largo plazo".
Joselyn Fallas (Costa Rica, profesional en Relaciones Internacionales) define claramente la complementariedad económica: "En el ámbito económico, América Latina y el Caribe (ALC) poseen abundantes recursos naturales que son altamente significativos para un país de más de mil millones de personas como la India. A su vez, la India ofrece a la región bienes y servicios con mayor valor agregado tecnológico. Este intercambio podría profundizarse aún más, particularmente en el área de los minerales críticos, esenciales para el desarrollo de nuevas tecnologías y la transición energética".
Ella añade que: “En cuanto a la dimensión social y cultural, es importante que ambas partes inviertan en el fortalecimiento de estos vínculos, ya que son esenciales para fomentar el entendimiento mutuo y sostener la expansión de la relación a largo plazo”.
Karol Morales (Costa Rica, Compradora Senior, Alpemusa) refuerza la dimensón de la cadena de suministro: "El desarrollo de estas relaciones se centrará en la diversificación de la cadena de suministro (nearshoring y friendshoring) y la integración tecnológica. Para 2026, la cooperación en infraestructura digital, fintech y energías limpias se convertirán en los principales motores económicos".
Marco Salas (Costa Rica, Asistente Administrativo Ejecutivo, IBM) amplía el marco de trabajo: "La cooperación entre América Latina e India debe abordar múltiples dimensiones, incluyendo el comercio internacional, el intercambio cultural, la movilidad de capital humano y la cooperación tecnológica".
A través de estas perspectivas, la lógica económica es multidimensional: los recursos, la tecnología, la infraestructura digital, el capital humano y la transición energética constituyen la columna vertebral de este compromiso.

II. Realineamiento geopolítico y autonomía estratégica
 
La Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. y la intensificación de la competencia entre EE. UU. y China influyen en el cálculo regional.
Joselyn Fallas señala: "India ha desarrollado una presencia más fuerte en los países sudamericanos, particularmente en Brasil, debido a su membresía en el BRICS y el G20...". Enfatiza que el impacto en la política exterior "dependerá en gran medida del nivel de autonomía de cada Estado".
Karol Morales observa: "Es probable que la estrategia de EE. UU. obligue a los países latinoamericanos a reequilibrar sus alianzas".
Marco Salas ofrece una interpretación más crítica: "La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos representa un retorno a las políticas de finales del siglo XX, priorizando los intereses de EE. UU. mediante el uso de la fuerza y el realismo político".
Natalia Yandún (Ecuador, Asistente de Investigación, Pontificia Universidad Javeriana) advierte que tales enfoques titulizados corren el riesgo de reforzar paradigmas obsoletos y limitar la flexibilidad cooperativa.
En conjunto, estas evaluaciones muestran que la India se percibe como un socio de diversificación que puede ampliar sus márgenes de autonomía sin forzar una alineación binaria.

III. Elecciones en 2026 y la variable BRICS+
 
Los ciclos electorales introducen variabilidad, pero no una ruptura estructural.
Joselyn Fallas explica: “El desarrollo de la interacción entre los países ALC y la India dependerá principalmente de los resultados electorales en América Latina…”
Plantea dos escenarios: una diversificación más allá de los socios tradicionales o un alineamiento renovado con Washington que limite el compromiso.
Karol Morales subraya: "En el caso de Brasil, la continuidad de una postura pro-multilateralismo es fundamental para la consolidación del BRICS+".
Marco Salas señala:
“El formato BRICS ha sido un proyecto económico interesante que aún no se ha materializado plenamente ni ha demostrado su valor...”.
Pedro Granda añade que los cambios electorales en Brasil podrían afectar la profundidad de la cooperación dentro de los BRICS, aunque persisten tendencias de diversificación más amplias.
El papel de Brasil dentro de los BRICS y el G20 sigue siendo estructuralmente importante.

IV. Mercenarismo y actores militares privados

Todos los expertos reconocen el mercenarismo como una fuerza desestabilizadora.
Joselyn Fallas declara: “La participación de mercenarios y empresas privadas de servicios militares y de inteligencia se ha convertido en un instrumento cada vez más consolidado y empleado con frecuencia en contextos de conflicto, competencia e inestabilidad”.
Ella hace referencia a casos documentados de exmiembros del personal militar de Colombia que participan como combatientes contratados en conflictos como la guerra en Ucrania y en Sudán. También señala que las empresas militares privadas han desempeñado papeles en conflictos recientes, incluyendo a Blackwater en Irak y Afganistán, así como el antiguo Grupo Wagner operando en varios países de África.
Karol Morales afirma: “El mercenarismo socava la soberanía estatal y crea focos de inestabilidad que afectan directamente la confianza de los inversionistas y la seguridad de las rutas comerciales”.
Marco Salas coincide: “Estoy de acuerdo con esta afirmación, ya que el mercenarismo recluta a exmiembros del personal militar y a guerrilleros de varios países de América Latina que han sido marginados socialmente...”.
Marggiori Coraima García considera que la expansión es posible y enfatiza el fortalecimiento de los marcos legales internacionales y regionales.
Antonella Vallejo advierte que el mercenarismo contemporáneo debilita el monopolio estatal de la fuerza y erosiona la gobernanza democrática.
Pedro Granda describe la expansión potencial como “catastrófica”.
Natalia Yandún enfatiza que estas son redes transnacionales que “no reconocen fronteras”.

V. Convergencia del crimen y efectos de desbordamiento de seguridad
 
Karol Morales destaca: “Existe un riesgo real de que las tácticas militares sean transferidas a los cárteles de la droga...”.
Marco Salas subraya los fracasos en la reintegración y la marginación como factores impulsores del reclutamiento.
Joselyn Fallas señala precedentes de empresas militares privadas operando en África y Medio Oriente, lo que demuestra cómo los Estados utilizan tales mecanismos para la proyección indirecta de poder.
Esta convergencia transforma el mercenarismo de ser un fenómeno periférico a una preocupación de seguridad estructural con consecuencias económicas.


VI. Respuestas regulatorias y multilaterales
 
Joselyn Fallas enfatiza: “Se deben fortalecer los marcos legales internacionales, junto con la cooperación regional y la colaboración Sur-Sur, mientras que la legislación nacional debe establecerse o reforzarse”.
Karol Morales hace un llamado a mecanismos de responsabilidad penal y a la coordinación de inteligencia.
Marco Salas argumenta: “La India puede servir como punta de lanza para diversas iniciativas multilaterales...”.
Vallejo insiste en que la cooperación internacional es indispensable, mientras que Granda destaca la necesidad de marcos para compartir inteligencia.
La diplomacia pública también se considera esencial. Morales afirma que esta “ayuda a desmitificar estas actividades”, mientras que Salas señala que las instituciones son “fundamentales para liderar iniciativas que permitan un compromiso más profundo más allá de los niveles puramente económicos y comerciales”.

VII. Perspectivas a corto plazo (1 a 3 años)
 
Los expertos anticipan volatilidad.
Karol Morales advierte: “La institucionalización del mercenarismo podría conducir a una fragmentación de la seguridad regional, aumentando los costos de logística y seguros para el comercio internacional”.
Marco Salas enfatiza los costos económicos y humanos.
Vallejo destaca los riesgos de la seguridad privatizada y el debilitamiento de la cooperación.
Si bien las mejoras tangibles a corto plazo pueden ser inciertas, las respuestas coordinadas multilaterales y regionales podrían mitigar la escalada.

Conclusión
 
Esta encuesta realizada por el Social Research Center demuestra que las relaciones entre América Latina e India hacia 2026 están impulsadas por la diversificación estructural, la recalibración geopolítica y una creciente conciencia de los riesgos de seguridad transregionales.
La complementariedad económica en minerales críticos, infraestructura digital y energía limpia se alinea con los incentivos políticos para una mayor autonomía estratégica. Al mismo tiempo, el mercenarismo y la seguridad privatizada introducen vulnerabilidades sistémicas que requieren coordinación multilateral, fortalecimiento regulatorio e innovación institucional.
La visión colectiva de los doce expertos sugiere que la trayectoria de esta asociación no estará definida por la retórica, sino por la capacidad de ambas regiones para institucionalizar la cooperación en un sistema internacional fragmentado.
Como advierte Karol Morales, lo que está en juego va más allá de la diplomacia y el comercio:
“El mercenarismo socava la soberanía estatal y crea focos de inestabilidad que afectan directamente la confianza de los inversionistas y la seguridad de las rutas comerciales”.
Esa advertencia encapsula la realidad dual identificada a lo largo de esta encuesta: la oportunidad y la vulnerabilidad avanzan simultáneamente. La durabilidad de las relaciones entre América Latina e India dependerá de qué tan eficazmente ambas regiones manejen ese equilibrio.
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