La inflación como principal canal de transmisión
Para la mayoría de los encuestados, la inflación representa la consecuencia más clara y rápida del conflicto. Lorraine Elizabeth Castro Mendoza, Ingeniera Industrial y Coordinadora de Laboratorio en Excomin Business Group en Colombia, explicó que "la nueva fase del conflicto en Oriente Medio está generando preocupación en Colombia debido principalmente a sus efectos indirectos sobre economías como la nuestra, que siguen siendo sensibles a los cambios en los precios internacionales, especialmente del combustible y de los insumos agrícolas importados como los fertilizantes". Según ella, estas presiones afectan directamente "el costo de vida, la inflación y, en consecuencia, la seguridad alimentaria de muchas familias".
Samuel Yazo, Analista de Finanzas Estructuradas en Crisil en Colombia, describió de manera similar la situación como "un choque externo significativo para Colombia, principalmente a través del aumento de los precios internacionales de la energía, los alimentos y los insumos de producción". Aunque el alza de los precios del petróleo puede incrementar temporalmente los ingresos por exportaciones, subrayó que estas ganancias a menudo se ven opacadas por "las presiones inflacionarias internas que elevan los costos de transporte, producción y bienes básicos".
La misma preocupación es visible en Perú. Darío Roger León Menacho, Ingeniero Agrónomo y Gerente de Producción en Fresura de los Andes, advirtió que "a medida que suben los precios mundiales del petróleo, Perú, que importa gran parte de su combustible, enfrenta una energía más cara, lo que presiona la inflación y deprecia el sol". Señaló además que el encarecimiento de los fertilizantes eleva los costos de producción agrícola, que luego se trasladan a los consumidores a través de precios más altos de los alimentos.
En conjunto, las respuestas sugieren que la inflación no es simplemente un efecto secundario económico del conflicto. Es el principal mecanismo a través del cual la inestabilidad geopolítica distante se convierte en una realidad interna cotidiana.
Energía, agricultura y logística: el nexo central del impacto
La encuesta revela un sistema estrechamente interconectado en el que las perturbaciones en un sector se propagan en cascada hacia otros. Andrés Michielin Escobar, Gerente de Alianzas B2B en Viventa (Colombia), explica que "el alza en los precios del petróleo… aumenta el costo del transporte, la producción y los alimentos", generando "presión económica sobre los hogares".
La agricultura está particularmente expuesta. Mateo Federico González Cifuente, Asistente de la Vicepresidencia en FINAGRO en Colombia, subrayó que el conflicto podría generar "inflación por empuje de costos, afectando principalmente los alimentos", al tiempo que señaló que "la urea y otros fertilizantes nitrogenados se han disparado entre un 35% y un 45%, y el país importa el 75% de su demanda". Esta dependencia limita significativamente la capacidad de los productores nacionales para protegerse de las perturbaciones globales.
Mientras tanto, las interrupciones del comercio mundial amplifican estas presiones. Nicole Gonzales, Analista de Comercio Exterior en White Lion Foods (Perú), observa que "las tarifas de flete marítimo… han aumentado exponencialmente, y las navieras no están ofreciendo muchas rutas", lo que ilustra cómo las limitaciones logísticas se traducen directamente en mayores costos internos.
En conjunto, estas dinámicas forman un ciclo que se refuerza a sí mismo: los costos energéticos impulsan la logística, la logística impulsa los precios de los alimentos, y los precios de los alimentos intensifican la presión social y económica.
Dilemas de política: estabilidad frente a protección social
Los gobiernos se enfrentan a disyuntivas cada vez más complejas. Camilo Bernal, Coordinador Senior de Campo en YanHass (Colombia), plantea el desafío como la gestión del "impacto externo sin exacerbar los desequilibrios internos", una tarea que requiere equilibrar las intervenciones a corto plazo con la estabilidad a largo plazo.
Lorraine Elizabeth Castro Mendoza enfatiza la necesidad de "equilibrar la estabilidad fiscal con la protección del poder adquisitivo de la población", subrayando la tensión entre mantener los subsidios y preservar la disciplina fiscal.
Esta tensión es evidente en los debates de política en curso. Andrés Michielin Escobar señaló que "hay desacuerdo sobre si mantener los subsidios o subir los precios, mientras otros temen el impacto social de reducir el apoyo estatal". Este debate refleja un dilema regional más amplio: las políticas diseñadas para proteger la sostenibilidad fiscal pueden, simultáneamente, aumentar la presión social.
En el plano estructural, la crisis está empujando a los responsables de políticas hacia una reflexión más profunda. Mateo Federico González Cifuente sostiene que "la resiliencia no se improvisa: se construye con previsión y marcos institucionales", subrayando la necesidad de ir más allá de las políticas reactivas hacia una transformación a largo plazo.
Adaptación empresarial: de la eficiencia a la resiliencia
Mientras los gobiernos equilibran prioridades contrapuestas, las empresas se centran cada vez más en la adaptación. La encuesta destaca un cambio de la eficiencia a corto plazo hacia la resiliencia a largo plazo.
Andrés Michielin Escobar capta este cambio de manera sucinta: "en entornos volátiles, no sobrevive el más grande, sino el que mejor se adapta". Esta adaptabilidad incluye la diversificación de proveedores, la optimización de las operaciones y la anticipación a las fluctuaciones del mercado.
Samuel Yazo enfatiza la importancia de "estrategias de gestión de riesgos, diversificación de proveedores y adopción de tecnologías que mejoren la productividad", mientras que Lorraine Elizabeth Castro Mendoza señala "la planificación financiera, la diversificación de riesgos y la coordinación" como herramientas esenciales.
En todos los sectores, el mensaje es consistente: la resiliencia se está convirtiendo en la capacidad definitoria en un entorno global cada vez más volátil.
Consenso fragmentado: acuerdo sobre los riesgos, división en las respuestas
A pesar del reconocimiento generalizado de los riesgos, hay poco acuerdo sobre cómo responder. Lorraine Elizabeth Castro Mendoza señala que "no hay un consenso completo… las diferencias surgen en las estrategias", un patrón observado tanto en Colombia como en Perú.
Andrés Michielin Escobar ofrece una caracterización más precisa: "en lo único en lo que todos están de acuerdo es en el diagnóstico… pero el 'cómo responder' sigue siendo el campo de batalla".
Esta fragmentación refleja limitaciones estructurales, como la polarización política, las restricciones fiscales y las prioridades económicas contrapuestas. Si bien las partes interesadas comparten una comprensión común del problema, sus soluciones propuestas divergen significativamente, lo que limita el potencial de una acción coordinada.
Perspectivas a futuro: la crisis como catalizador
De cara al futuro, los encuestados identifican una clara progresión de impactos. A corto plazo, dominan el alza de precios y las interrupciones del suministro. A mediano plazo, el crecimiento económico se desacelera y las presiones fiscales se intensifican. A largo plazo, la transformación estructural se vuelve inevitable.
Camilo Bernal sugiere que una presión prolongada podría conducir a "ajustes estructurales en energía, producción y política económica", mientras que Samuel Yazo destaca el potencial para "diversificar la estructura productiva y reducir la dependencia de los choques externos".
Sin embargo, estas oportunidades vienen acompañadas de riesgos. Sin una coordinación efectiva, las mismas presiones que impulsan la adaptación podrían profundizar la desigualdad y la inestabilidad social.
Sur Global: influencia limitada, aprendizaje estratégico
La encuesta muestra un fuerte consenso en que los países del Sur Global tienen una influencia directa limitada sobre el conflicto en sí. Sin embargo, su capacidad de adaptación y aprendizaje sigue siendo significativa.
Lorraine Elizabeth Castro Mendoza subraya la importancia de "reducir la dependencia de los mercados externos, fortalecer la producción local… y mejorar la resiliencia", mientras que Mateo Federico González Cifuente destaca que la vulnerabilidad no es temporal, sino estructural.
Al mismo tiempo, los encuestados señalan oportunidades para la cooperación regional y el reposicionamiento estratégico. Al fortalecer la producción local, diversificar las relaciones comerciales e invertir en resiliencia, los países pueden transformar los choques externos en motores de cambio a largo plazo.
Conclusión
El conflicto de Oriente Medio de 2026 ya no es un evento geopolítico distante observado desde lejos. A través de la inflación, la inseguridad alimentaria, las interrupciones en las cadenas de suministro y la presión fiscal, ya está reconfigurando las realidades económicas en toda América Latina.
Para países como Colombia y Perú, la crisis ha dejado al descubierto vulnerabilidades estructurales que van mucho más allá de la volatilidad temporal del mercado. Ha revelado cuán profundamente interconectada está la economía global y con qué rapidez la inestabilidad externa puede transformarse en presión interna.
Al mismo tiempo, la encuesta refleja una creciente conciencia de que la resiliencia no puede depender únicamente de respuestas de emergencia. La diversificación, la planificación institucional, una producción local más sólida y la cooperación regional se consideran cada vez más componentes esenciales de la estabilidad a largo plazo.
Como nos recuerda Mateo Federico González Cifuente, "la resiliencia no se improvisa: se construye con previsión y marcos institucionales". En una era definida por choques geopolíticos recurrentes, esa distinción puede, en última instancia, determinar qué economías simplemente soportan las crisis y cuáles logran adaptarse exitosamente más allá de ellas.