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¿Estamos consumiendo bienestar… o aprendiendo a vivir?
  • Carolina Gaviria Salazar
    periodista y estratega en comunicación

"No puedes cruzar el mar simplemente mirando el agua." Rabindranath Tagore

Hace unos años empezamos a contar pasos, después calorías y luego horas de sueño.
Hoy contamos minutos de meditación, vasos de agua, sesiones de yoga, respiraciones conscientes, baños de hielo y páginas escritas en un diario. Nunca antes habíamos invertido tanto tiempo, dinero y atención en sentirnos bien.
Y, sin embargo, nunca las conversaciones sobre ansiedad, agotamiento y salud mental habían ocupado tanto espacio en nuestra vida cotidiana.
El bienestar se volvió tendencia.
Pero quizás la pregunta más interesante no sea por qué está de moda. Quizás la verdadera pregunta sea ¿Estamos aprendiendo a vivir… o simplemente estamos consumiendo bienestar?
Durante años pensamos que el movimiento bienestar había nacido con Instagram, los podcasts o los retiros de lujo. La realidad es mucho más antigua. Hace más de dos mil años, en India, ya existían sistemas filosóficos dedicados a responder preguntas que hoy siguen obsesionándonos: ¿cómo vivir con menos sufrimiento?, ¿cómo entrenar la mente?, ¿cómo encontrar equilibrio en medio del caos?
Mucho antes de que existieran las aplicaciones de meditación, los relojes inteligentes o las rutinas matutinas virales, textos como los Yoga Sutras de Patañjali proponían el yoga no como una serie de posturas físicas, sino como un camino para aquietar la mente y comprender mejor la propia existencia.
El Ayurveda, desarrollado hace más de 3.000 años, entendía la salud como un equilibrio entre el cuerpo, la mente, la alimentación, el entorno y los hábitos cotidianos, una visión que hoy vuelve a ganar relevancia incluso dentro de la Organización Mundial de la Salud, que en 2022 inauguró en India su Centro Global para la Medicina Tradicional para promover el estudio científico y la integración responsable de estos conocimientos.¹
Mientras tanto, el mercado global del bienestar no ha dejado de crecer. Según el Global Wellness Institute, la economía del bienestar alcanzó un valor cercano a 6,3 billones de dólares en 2023, y podría superar los 9 billones de dólares antes de 2028.² Nunca antes tantas personas habían estado dispuestas a invertir en productos, experiencias y servicios relacionados con sentirse mejor.
Paradójicamente, ese crecimiento convive con otro dato difícil de ignorar. La Organización Mundial de la Salud estima que cerca de 970 millones de personas viven con algún trastorno mental, siendo la ansiedad y la depresión dos de las condiciones más frecuentes en el mundo.³
No se trata de afirmar que el yoga, la meditación o las prácticas de bienestar no funcionan. Todo lo contrario. La evidencia científica ha demostrado beneficios importantes sobre el manejo del estrés, la atención y el bienestar emocional.⁴ Pero entonces, ¿qué ocurre cuando una filosofía termina convertida en un producto?
En muchas tradiciones de la India, el bienestar nunca fue un fin en sí mismo. Era una consecuencia de vivir con mayor conciencia, cultivar la disciplina interior y comprender la relación entre uno mismo y el mundo. El yoga no nació para tonificar el abdomen. La meditación no surgió para aumentar la productividad laboral. El silencio no era una técnica para dormir mejor. Eran caminos de transformación personal.
Occidente hizo algo extraordinario: logró democratizar muchas de esas prácticas y acercarlas a millones de personas. Pero también hizo algo curioso: las convirtieron en una industria.
Hoy podemos comprar incienso con envío el mismo día, descargar aplicaciones que prometen paz interior en siete minutos, asistir a retiros de fin de semana o medir nuestra calma a través de un reloj inteligente. Y ahí aparece una paradoja difícil de ignorar.
Vivimos rodeados de herramientas para desacelerar… pero sentimos que nunca tenemos tiempo.Consumimos contenido sobre bienestar durante horas… mientras revisamos el celular cientos de veces al día. Hablamos de presencia... pero cada vez nos cuesta más permanecer presentes.
Tal vez el problema no sea que el bienestar se haya popularizado. Tal vez el problema sea que, en el camino, conservamos los rituales y olvidamos la filosofía, porque meditar no es simplemente cerrar los ojos. Hacer yoga no consiste únicamente en estirar el cuerpo. Escribir un diario no es llenar páginas.
Todas esas prácticas nacieron para responder una pregunta mucho más profunda: ¿Cómo queremos vivir?
Considero que ahí hay una lección que la India lleva siglos intentando enseñarnos: el bienestar no es algo que se compra, ni una aplicación, ni una tendencia. Es una manera de relacionarnos con nosotros mismos. Y esa diferencia, aunque parezca pequeña, puede cambiarlo todo.
Referencias
1. Organización Mundial de la Salud (OMS). Centro Mundial de Medicina Tradicional de la OMS. https://www.who.int/initiatives/who-global-centre-for-traditional-medicine
2. Instituto Global del Bienestar. Monitor de la Economía Global del Bienestar 2024. https://globalwellnessinstitute.org/industry-research/2024-global-wellness-economy-monitor/
3. Organización Mundial de la Salud (OMS). Trastornos mentales. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/mental-disorders
4. Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa (NIH). Yoga: Lo que necesitas saber. https://www.nccih.nih.gov/health/yoga-what-you-need-to-know
5. Patañjali. Yoga Sutra. (Texto clásico de la filosofía del yoga, aprox. siglo II a. C.–siglo IV d. C.)
6. Charaka Samhita. Uno de los textos fundacionales del Ayurveda (aprox. siglos II a. C.–II d. C.).
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