Nicaragua está siendo foco de atención actualmente en el mundo debido a los recientes anuncios de Daniel Ortega, quien hace un par de semanas dijo que en este país centroamericano no habría más elecciones. Las declaraciones se dieron a conocer el 19 de julio, fecha en que se conmemora el triunfo de la Revolución Popular Sandinista (1979).
Ortega, de 80 años y quien completa ya 19 años continuos en el poder, quiere evitar que la oposición gobierne. Además, aseguró que trabajará con el Parlamento, controlado por él y los suyos, para “poner un muro” a los partidos políticos que pretendan llegar al Gobierno por esa vía.
Las declaraciones provocaron un amplio rechazo internacional. Estados Unidos advirtió que respondería a las medidas anunciadas por Managua, mientras que la Unión Europea instó al gobierno nicaragüense a convocar elecciones de conformidad con los estándares internacionales. Para Douglas Castro, investigador, académico y activista nicaragüense exiliado desde 2021, lo que está pasando actualmente es “una radicalización” y la consolidación de una estrategia de largo plazo orientada a cerrar progresivamente el sistema político. “Creo que el proyecto de Nicaragua actualmente es uno de sucesión conyugal. Tienen el poder absoluto, estamos a poco de ser como Corea del Norte, algunos le llaman la Corea del Norte de América Latina”, dijo para el Social Research Center.
De acuerdo con Castro, tras la transición democrática iniciada en 1990, Nicaragua nunca logró consolidar plenamente sus instituciones. En su opinión, Ortega aprovechó los años en la oposición para debilitar progresivamente ese proceso y, una vez volvió a la Presidencia, impulsó una estrategia sistemática de concentración del poder.
A lo anterior se suma un momento clave en 2018, cuando la represión de las protestas, el asesinato de estudiantes y el cierre de espacios para la oposición, los medios de comunicación y las iglesias abrieron el espacio a una nueva etapa de mayor control político. "Lo que estamos viendo es una codificación legal de lo que antes se daba en los hechos", afirma.
Dicha interpretación coincide con el análisis del politólogo Manuel Orozco para el Inter-American Dialogue, quien sostiene que, tras la crisis de 2018, el régimen reestructuró su plataforma para gobernar mediante la fuerza, consolidando un modelo de control basado en la captura institucional y la restricción de los derechos.
Adicionalmente, Orozco sostiene que ese modelo de poder descansa sobre cuatro pilares: el aislamiento internacional y las alianzas con regímenes no democráticos; la criminalización de la democracia mediante cambios legales y el fortalecimiento del aparato coercitivo; la captura económica del Estado; y el control de la información mediante la censura y la propaganda. Según el politólogo, esa estructura está coordinada por una jerarquía integrada por no más de 200 personas, entre aliados políticos, militares y burócratas del régimen. Ahora bien, las recientes acciones de Ortega también representan una última estrategia para garantizar la continuidad del poder más allá de él mismo. Es decir, ir asegurando el poder para su esposa Rosario Murillo y sus hijos en un futuro. Esta tésis es apoyada por Douglas Castro, quien considera que el fortalecimiento del control institucional, las reformas legales y el cierre de los espacios para la oposición solo buscan reducir cualquier riesgo para una eventual transición política.
Sin embargo, Castro considera que Rosario Murillo no cuenta con la misma legitimidad política que ha construido Daniel Ortega a lo largo de su trayectoria. "Es una persona vulnerable y creería que muchas de las personas que se le cuadran militarmente a Ortega, no se le cuadrarían a ella", afirma.
Bajo este contexto entonces surge una pregunta importante: ¿existe la posibilidad de una transición democrática o por ahora queda descartado este escenario? Para Castro, la mayoría de los nicaragüenses mantiene una postura opositora, aunque la persecución, el exilio y la represión han impedido que esa mayoría pueda organizarse políticamente, algo que sería determinante a la hora de pensar en un cambio político.
"Las caras visibles están fuera de Nicaragua; adentro no hay nadie porque cualquier cara visible sería expulsada", explica. No obstante, sostiene que el rechazo al gobierno continúa siendo amplio y que incluso una figura poco conocida podría derrotar a Ortega en una eventual elección competitiva.
Además, recalca que con respecto a esto el escenario internacional también es clave, pues menciona que tras los acontecimientos del pasado 3 de enero en Venezuela (cuando fuerzas de Estados Unidos derrocaron a Nicolás Maduro) pudieron modificar parcialmente el cálculo del régimen de Ortega. "Después del 3 de enero (...) Ortega se dio cuenta de que sí se pueden activar mecanismos, especialmente la intervención de EE.UU., para hacer acciones fuertes que él pensaba que antes no tenían posibilidad", sostiene.
Castro considera que el desenlace en Nicaragua dependerá de una combinación de factores, entre ellos la eventual reactivación de la oposición dentro del país, la presión internacional y la evolución de los procesos políticos en países como Venezuela y Cuba.
Aun cuando el régimen ha logrado concentrar el poder político y reducir al mínimo los espacios para la oposición organizada, Castro considera que las recientes decisiones también revelan una preocupación permanente por preservar ese control. En su opinión, el endurecimiento del aparato legal y represivo también responde a la percepción de que cualquier fisura podría convertirse en una amenaza para la continuidad del régimen. "¿Cuál es la necesidad de Ortega de reprimir y sacar policías a las calles? Es porque tiene temor, ve amenazas", concluye el investigador. ¿Qué lecciones deja lo que pasa en Nicaragua a toda América Latina? Lo que está pasando actualmente en la nación centroamericana es un mal ejemplo para toda la región, más aún para todas las personas con pretensiones autoritarias. Al investigador le preocupa, sobre todo, que con situaciones como las que ocurren en Nicaragua otros potenciales autócratas se den cuenta de que organismos internacionales realmente no cuentan con las herramientas suficientes para detenerlos y frenar el avance de tiranos. Otro punto importante, según Castro, serían las consecuencias que hay en materia de seguridad y economía específicamente para el caso de Centroamérica. “Ortega ha amenazado a los países de Centroamérica, ha dicho que, si le ejercen algún tipo de presión, él puede bloquear el comercio interregional y eso representaría mucha inseguridad para la democracia. Eso sería claramente grave”, agregó.
Fuentes:
● Castro, D. (2026). Entrevista concedida al Social Research Center sobre la evolución del régimen Ortega-Murillo en Nicaragua. Entrevista realizada por Lizeth Ortega, agosto de 2026.
● Orozco, M. (2026, junio). The Shape of Dictatorship in Nicaragua: 2026. Inter-American Dialogue. https://thedialogue.org/blogs/2026/06/the-shape-of-dictatorship-in-nicaragua-2026