Parte I — Resistencia sin legitimidad
Una de las conclusiones más sólidas de la encuesta es que el sistema político venezolano se ha adaptado para sobrevivir a una crisis prolongada. Los expertos describen de manera consistente un Estado que mantiene el control a través de instituciones coercitivas y disciplina política, en lugar de hacerlo mediante legitimidad o resultados.
Javier Lichtle, Director de Estrategia y Comunicaciones de Grupo Salinas, lo dice sin rodeos:
"Maduro mantiene el control, pero sin legitimidad."
La lealtad política dentro de la estructura gobernante, el control férreo del aparato de seguridad y la ausencia de una oposición unida crean un entorno donde el colapso es improbable, incluso en medio del deterioro económico y la presión internacional. Mientras las instituciones democráticas se han debilitado, los mecanismos de mando y coerción se han mantenido intactos.
El resultado es una forma paradójica de resistencia: una que evita el colapso, pero que también impide la reforma. Este estancamiento produce consecuencias externas más profundas, como lo enfatiza José Israel Suárez Márquez, Instructor de la Universidad Privada Boliviana, quien advierte: "Las recientes elecciones parecieron amañadas… y la creciente presión de EE.UU. deja a Venezuela más aislada."
Su observación refleja una tendencia identificada a lo largo de la encuesta: las decisiones políticas dentro de Venezuela están amplificando las tensiones geopolíticas fuera de ella.
Sin embargo, los expertos no descartan la posibilidad de cambios futuros.
Abhishek Sarin, Gerente de Blinkit, sostiene: "A pesar del panorama desalentador, el cambio aún es posible."
No obstante, la encuesta muestra un amplio consenso en que dicho cambio solo provendría de fracturas internas —dentro de las Fuerzas Armadas, la élite gobernante o centros institucionales clave—, no de una intervención externa.
Parte II — Presión híbrida y la geografía de la escalada
Los expertos destacan que Estados Unidos está aplicando una presión híbrida, una mezcla de sanciones, aislamiento diplomático y presencia militar, diseñada para influir en Caracas sin desencadenar un conflicto directo.
Raghu Chalamala, Vicepresidente de Scapia, resume este enfoque: "EE.UU. quiere que Maduro salga, pero no mediante una guerra total."
Esta estrategia se basa en una presión medida más que en una acción decisiva. Pero también crea un entorno en el que las comunicaciones se tensionan, los actores militares operan en espacios que se superponen y el margen para errores se vuelve peligrosamente delgado.
1. Incidentes marítimos: el punto de ignición más probable
A lo largo de la encuesta, una confrontación marítima surge como el escenario más probable para una escalada no intencionada.
Abraham Ríos, Agente Trilingüe de Keywords Studios, advierte: "Existe una alta probabilidad de incidentes en el mar —ataques, capturas o daños a intereses estadounidenses."
EE.UU. mantiene operaciones antidrogas y de intercepción marítima cerca de las aguas venezolanas. Venezuela interpreta esto como una amenaza a su soberanía. Mientras tanto, actores no estatales, transporte comercial y activos militares extranjeros ocupan los mismos corredores marítimos.
Como señala Angela Serrano, Especialista en Precios de LEMAN: "Cuando las operaciones antidrogas fallan, la diplomacia se rompe y el riesgo de escalada se vuelve real."
Este escenario es especialmente peligroso porque no requiere intención política para encenderse. Una sola maniobra errónea, un barco interceptado o un disparo de advertencia malinterpretado podría desatar una crisis diplomática que se saldría de control rápidamente.
2. La disputa por el Esequibo: sin resolver y desestabilizadora
La disputa territorial entre Venezuela y Guyana sobre la región del Esequibo intensifica estos riesgos. Con el descubrimiento de nuevas reservas de petróleo mar adentro, ambas partes han elevado el valor estratégico del territorio.
Valeria Delgado Turanza, Especialista en Relaciones Internacionales de Native Antarcticans Inc, enfatiza:
"La riqueza mineral del Esequibo aumenta la importancia estratégica de la disputa."
Estados Unidos apoya los reclamos de Guyana, mientras que actores regionales como Brasil monitorean la disputa de cerca. La participación de grandes potencias crea nuevas capas de sensibilidad en torno a los movimientos navales, las declaraciones políticas y los hitos territoriales.
Cristian Cataldo, Instructor de la Universidad de Playa Ancha, destaca las implicaciones regionales:
"La amenaza militar en el área continuará —incluso entre países que deberían ser amigos."
3. Militarización sin comunicación
La encuesta revela un desequilibrio peligroso: la presencia militar en la región está aumentando más rápido que los mecanismos de gestión de crisis. Los canales de comunicación marítima, la coordinación fronteriza y las líneas diplomáticas siguen siendo débiles o inefectivas, aumentando el riesgo de que operaciones de vigilancia rutinarias provoquen una escalada no deseada.
Parte III — Diplomacia débil, fuertes presiones y la necesidad de preparación regional
Los expertos expresan escepticismo sobre las herramientas diplomáticas de Venezuela. Muchos destacan la inefectividad de su mensaje en el exterior.
Abhinav, de NatWest Group, comenta: "Los discursos de Moncada en la ONU no logran nada."
La brecha entre la postura diplomática de Venezuela y las realidades regionales deja poco espacio para una negociación convencional. Mientras tanto, la política de EE.UU. mantiene la presión evitando compromisos. Esta combinación —política rígida en Caracas, presión calibrada desde Washington y un diálogo regional limitado— produce un entorno frágil.
Los expertos subrayan tres necesidades estratégicas:
1. Desconflicción marítima
Protocolos de comunicación claros entre las fuerzas navales para prevenir confrontaciones no intencionadas.
2. Coordinación de políticas entre Guyana, Brasil y Colombia
Estos estados forman el perímetro inmediato de Venezuela. Sin coordinación, aumenta el riesgo de acciones contradictorias.
3. Planificación de contingencia para una inestabilidad interna
Si Venezuela experimenta fracturas institucionales repentinas, los estados vecinos deben estar preparados para los efectos colaterales.
Andreas Bulo, Director de Proyectos de la Fundación Eurochile, advierte:
"La presión sin un plan político profundiza la crisis."
Su evaluación subraya el peligro de las estrategias reactivas, un tema central que hace eco en toda la encuesta.
Conclusión
La encuesta del Centro de Investigaciones Sociales deja un punto inconfundiblemente claro: si bien la crisis interna de Venezuela es prolongada y está enquistada, el mayor riesgo yace fuera de sus fronteras.
Como advierte José Israel Suárez Márquez, "el aislamiento va a aumentar", mientras Abraham Ríos alerta de que "los accidentes marítimos son el detonante real".
Estas perspectivas reflejan una cruda realidad: la próxima crisis podría estallar no por maniobras políticas en Caracas, sino por un encuentro fortuito en el mar o una movida malinterpretada en la disputa del Esequibo. Con una creciente militarización, comunicación limitada y una desconfianza que se profundiza, los pequeños incidentes conllevan consecuencias desproporcionadas.
La región ya no puede permitirse el lujo de simplemente monitorear los eventos. Debe actuar —a través de la diplomacia, la planificación coordinada y mecanismos de prevención de crisis— para impedir que tensiones manejables escalen hacia un conflicto mayor.
En última instancia, el futuro de Venezuela podría estar menos definido por giros políticos dramáticos que por la capacidad de la región para evitar que una chispa se convierta en un incendio regional.