Hay celebraciones que traen consigo una historia, otras traen una forma de mirar el mundo. Y hay algunas que, además de reunir a una comunidad, invitan a hacerse preguntas que no pertenecen a un país ni a una época: ¿quiénes somos?, ¿qué permanece cuando el cuerpo cambia?, ¿cómo encontrar sentido en una vida que parece volverse cada vez más compleja?
El Janmashtami, también conocido como Sri Krishna Janmashtami, es la celebración del nacimiento de Krishna. Ese fue el motivo por el cual el viernes 4 de septiembre, en el Templo Hare Krishna ISKCON de Bogotá, se reunieron personas alrededor de una tradición cuyas raíces están en la India, pero cuya propuesta espiritual llega a personas que viven en otros lugares que no quieren únicamente conservar una cultura o repetir unas costumbres, sino aceptar la invitación a vivir de otra manera.
En ese sentido, la presencia de ISKCON en Colombia permite observar algo que ocurre con muchas expresiones culturales: cuando cruzan una frontera, no necesariamente pierden su identidad. Pueden conservar sus fundamentos y, al mismo tiempo, encontrar nuevas formas de ser comprendidas y vividas.
Harinam Gauranga Das, presidente del Templo, explica desde su perspectiva, cómo esa conexión puede transformar la vida cotidiana: “Incluso la vida material se vuelve mucho más sublime, cobra mayor sentido, se vuelve más profunda y sobre todo se vuelve más simple”.
La frase resulta especialmente sugerente en un momento en el que la vida cotidiana parece estar marcada por la velocidad, la acumulación de responsabilidades y la dificultad para encontrar espacios de silencio. “Hoy en día la humanidad está atrapada en una sociedad que cada vez complica más la vida”, añade.
Frente a esa complejidad, la propuesta del templo no es necesariamente escapar del mundo, sino encontrar otra manera de habitarlo. La conexión espiritual, explica, puede transformar incluso la relación con la vida material: darle sentido, profundidad y sencillez.
Una forma de vida que tiene prácticas concretas, como la alimentación, la meditación, el canto devocional y el estudio de textos védicos y que busca desarrollar un amor hacia Dios reconociendo la dimensión espiritual que, según esta filosofía, existe en cada persona.
Todos son bienvenidos
“Celebramos este día, más que algo cultural relacionado con un país específico, sino como un hecho maravilloso para toda la humanidad”, me explicó Harinam - “Que Dios haga su advenimiento en este planeta es algo que nos bendice a todos los seres humanos, sin importar la religión, sin importar la creencia, sin importar la raza”
Por eso, quien llega por primera vez puede hacerlo por curiosidad cultural, por interés espiritual o simplemente por el deseo de conocer algo distinto. Eso sí, la experiencia le abre una conversación, más allá de la celebración. ¿Qué significa vivir una tradición que nació en otro país? ¿Cómo se transmite una filosofía cuando quienes la reciben tienen historias y contextos diferentes? ¿Qué hace que una práctica deje de ser únicamente una expresión cultural y se convierta en una forma de comprender la existencia?
La India puede ser el lugar donde nacieron muchas de estas prácticas y filosofías. Bogotá puede ser el escenario donde hoy se comparten. Pero la búsqueda de sentido, la necesidad de conexión y el deseo de encontrar una relación más profunda con lo divino no pertenecen exclusivamente a una geografía. Janmashtami recuerda que una tradición puede tener raíces en un lugar y, al mismo tiempo, convertirse en una invitación para el mundo.
Nosotras no conocíamos los nombres espirituales, no entendíamos las palabras que se repetían, no sabíamos interpretar los cuadros ni los objetos del altar. Tampoco teníamos las herramientas para comprender completamente lo que ocurría durante la celebración.
Pero cuando empezamos a conversar con las personas, algo cambió. Detrás de las diferencias culturales aparecieron preocupaciones que reconocíamos: la necesidad de encontrar felicidad, de vivir con más plenitud, de alcanzar una mayor paz mental. No hablábamos exactamente el mismo idioma, pero algunas de las cosas que decían nos resonaban. Y eso me pareció una de las partes más bonitas de la experiencia.
Uno puede sentirse completamente ajeno a una tradición y, al mismo tiempo, reconocer algo propio en lo que esa tradición propone. Tal vez ahí está una de las formas más interesantes en que las culturas se encuentran. No necesariamente cuando dejamos de ser diferentes, sino cuando descubrimos que esas diferencias también pueden llevarnos a preguntas parecidas.