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Cuidar a quienes nos cuidan: por qué el bienestar de las familias también importa para proteger a los niños en Perú

  • Stephano Martel
    comunicador social y periodista, con amplio interés en temas sociales y realidad nacional
Miles de familias en Perú atraviesan escollos y severas dificultades en el proceso de consolidar su estabilidad y suficiencia, velando por el interés del bienestar de sus hijos. Dicha convicción, provoca que adopten diversas dinámicas para no verse sometidos a la escasez o falta de recursos. A la par, buscan no descuidar en absoluto su rol de padres: como ofrecer tiempo de calidad, fortalecer el apego seguro y brindar acompañamiento a sus hijos creando un vínculo saludable y de confianza.

Sin embargo, en ese camino nacen disyuntivas que generan incertidumbre en los cuidadores, empujándolos a un limbo sin salida que los pone a sobrepensar exigentemente el futuro de ellos y su familia. Entre estos factores figura el trabajo, el crecimiento profesional, el ahorro, las necesidades básicas y, mucho más importante, su propio bienestar emocional.

Sostener el autodesarrollo y la crianza, garantizando un cuidado seguro y responsable, no es una tarea fácil de mantener. El Estado debe velar por la salud mental de miles de familias. Hacerlo significa trabajar por el futuro y la sostenibilidad del país, desde la temprana edad de niñas y niños, para que puedan desarrollar su potencial y formarse como ciudadanos responsables y productivos para la sociedad. En ese sentido, ¿qué tan importante es implementar un Sistema Nacional de Cuidados que beneficie tanto a las familias como a las niñas y niños?

Salud mental como prioridad

La familia constituye uno de los espacios fundamentales para el desarrollo del ser humano. Es allí donde las experiencias, la razón y las emociones de un niño se entremezclan, maduran y contribuyen a forjar su personalidad. A mayor educación en el hogar, mayores son los resultados para su desarrollo integral.

No obstante, la realidad es más drástica. El bienestar emocional de varios niños se encuentra en riesgo debido al deterioro de la salud mental de sus cuidadores. La Fundación Baltazar y Nicolas, junto a la Facultad de Psicología de la PUCP, publicaron una encuesta que revela que, de un total de 43.923 cuidadores, el 17% presenta riesgo de tener dificultades en su bienestar general y sienten estrés al realizar tareas parentales.

Los efectos de este dilema no solo afectan la salud de los cuidadores, sino que también repercuten indirectamente en los niños, quienes necesitan de un adulto responsable para su formación integral. Cuando la salud emocional del cuidador se deteriora, también puede verse comprometido el desarrollo saludable del niño.

La situación puede ser aún más compleja en otros contextos, cuando la crianza se asume en solitario. En Perú, esta realidad recae mayoritariamente en las madres, quienes, al asumir solas el cuidado de sus hijos, se enfrentan a circunstancias abrumadoras y agobiantes. Las consecuencias para su salud mental pueden estar relacionadas con factores como la inestabilidad económica, la falta de oportunidades, la precarización laboral y los prejuicios sociales que afrontan día a día.

Expertos han advertido que esta problemática no solo representa un riesgo para la primera infancia, sino que también puede constituir una forma de violencia psicológica y económica contra las mujeres peruanas, quienes son estereotipadas muchas veces como “amas de casa” o “responsables del cuidado del hogar”. Esta concepción puede minimizar sus capacidades y afectar sus ingresos económicos, especialmente si se considera que, en el Perú, como en otros países de América Latina, las labores de cuidado no son remuneradas.

La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2024, elaborado por el INEI, informa que las mujeres dedican el doble de tiempo de los hombres al trabajo no remunerado. El resultado representa la difícil situación de muchas madres que atraviesan signos notables de agotamiento y estrés por la sobrecarga. Es preciso acotar que, aunque la falta de un Sistema Nacional de Cuidados puede perjudicar tanto a madres como a padres, el 36% de los hogares son liderados por mujeres y el 20% no cuenta con una pareja, según reportó la Encuesta Nacional de Hogares 2023.

En una entrevista con la psicóloga e investigadora de la niñez y adolescencia, Miriam Laguna, señaló que este exceso de carga ‘’reduce la disponibilidad y sensibilidad’’ en la crianza afectando el vínculo importante entre la madre y el hijo.

‘’Los niños perciben el estrés de su cuidador, aunque no lo expresen con palabras, el niño siente lo que le está pasando a su madre. En la primera infancia, los niños dependen de la situación emocional de su cuidador’’, indicó.

La necesidad de implementar adecuadamente un Sistema Nacional de Cuidados no responde únicamente a un beneficio personal para los cuidadores. También implica pensar en la productividad del país, la economía y el desarrollo integral de las personas, factores que contribuyen a garantizar la sostenibilidad de la sociedad.

¿Qué es lo que falta?

A lo largo de los años, Perú no se ha quedado atrás en la construcción de una infancia segura y saludable. En materia de políticas públicas, Perú cuenta con avances muy significativos, siendo un ‘‘ejemplo en el mundo de políticas en el desarrollo infantil temprano’’, así lo expresó recientemente Paola Bustamante, exministra del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social.

En esa línea, la exfuncionaria remarcó que Perú tiene todos los instrumentos y el marco normativo a su favor para implementar adecuadamente acciones orientadas al cuidado de la primera infancia. Sin embargo, la ley no puede quedarse en el papel y requiere de voluntad política para convertirse en acciones concretas.

La coalición “Perú Que Cuida a Su Niñez” identificó como principal problema la falta de articulación de los servicios y programas existentes para el desarrollo infantil temprano. Argumentó que, a pesar de que Perú cuenta con 14 programas dirigidos a la infancia, estos resultan insuficientes debido a la desarticulación entre los ministerios de Salud, Educación, MIDIS y MIMP, que trazan sus propios objetivos y metas y, en algunos casos, terminan trabajando de manera aislada, compitiendo entre sí.

Otro punto importante es el acceso a estos programas, donde todavía hay personas que no tienen oportunidad de recibir el beneficio de los servicios del Estado, y atraviesan por una serie burocrática engorrosa que los desanima en continuar. Como respuesta, concluyeron que no es necesario más programas, sino ordenarlos y que funcionen de manera integral.

El mensaje es claro: invertir en cuidados no es un gasto aislado, sino una inversión social de largo plazo y protección a la primera infancia y a todo el futuro de una sociedad.

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