Hay historias que no necesitan ser contadas en la misma lengua para provocar una emoción compartida. Una despedida, el miedo a perder lo que amamos, la relación entre padres e hijos o la búsqueda de un lugar en el mundo pueden adquirir formas distintas según la cultura que las represente. Sin embargo, cuando aparecen sobre un escenario, esas diferencias no necesariamente separan: también pueden convertirse en una invitación a comprender al otro.
Esa es una de las posibilidades que ofrece el teatro y la apuesta que India llevará a Nueva Delhi del
12 al 14 de octubre, con el
Festival de Teatro de los BRICS 2026. Bajo el lema Shared Stories, Shared Futures — historias compartidas, futuros compartidos —, el encuentro reunirá a más de 100 artistas, profesionales del teatro, académicos, estudiantes y representantes culturales de nueve países: India, Tailandia, Indonesia, Rusia, Vietnam, Irán, Sudáfrica, Kazajistán y Etiopía, según informó el Ministerio de Cultura indio.
La programación contempla expresiones teatrales clásicas, contemporáneas y experimentales, además de talleres y conversaciones sobre tradiciones escénicas, métodos de actuación, dirección y diseño técnico. No se trata únicamente de presentar obras ante públicos extranjeros. El festival también busca generar espacios de intercambio entre quienes crean, investigan y mantienen vivas distintas formas de representación.
El escenario como territorio de encuentro El teatro tiene una particularidad: una cultura no aparece en él solamente como una colección de símbolos, vestuarios o costumbres. Se manifiesta a través de cuerpos, voces, silencios, gestos y conflictos. Una tradición puede reconocerse en la música que acompaña una escena, en la manera de narrar una leyenda o en la relación que los personajes establecen con la comunidad, la naturaleza, la familia o lo sagrado.
Por eso, conocer el teatro de otro país puede ser también una forma de acercarse a su historia y a sus preguntas. No significa que una obra permita comprender por completo una sociedad, pero sí puede abrir una puerta hacia aquello que sus integrantes consideran importante, temen, celebran o discuten.
El dramaturgo e historiador teatral indio Rustom Bharucha ha dedicado buena parte de su trabajo al análisis de los encuentros entre culturas en las artes escénicas. En sus reflexiones sobre el teatro intercultural cuestiona la idea de que las tradiciones puedan trasladarse de un contexto a otro sin tensiones ni transformaciones. Su perspectiva invita a reconocer que cada tradición tiene su propia historia y sus formas particulares de producir significado, y que el diálogo cultural requiere prestar atención a esas diferencias, en lugar de reducirlas a una imagen exótica o uniforme.
Esta advertencia resulta especialmente pertinente en un mundo que consume expresiones culturales de lugares muy distintos, muchas veces a través de fragmentos, tendencias o estereotipos. Acercarse a otra cultura no consiste simplemente en observar lo diferente, sino en preguntarse qué significa aquello que vemos y desde qué historia está siendo contado.
Tradiciones que se encuentran sin dejar de ser distintas La reunión de nueve países en Nueva Delhi ofrece un escenario para esa conversación. Cada delegación llega con lenguajes teatrales, memorias y experiencias diferentes. La propuesta es que esas expresiones puedan circular, ser observadas por otros públicos y entrar en diálogo sin que todas tengan que parecerse.
Ese intercambio también obliga a pensar en la identidad cultural de una manera menos rígida. Las tradiciones no son piezas inmóviles conservadas en una vitrina: se transmiten, se reinterpretan y conviven con nuevas formas de creación. Una puesta en escena puede recuperar un relato antiguo y hablar de un conflicto contemporáneo; puede conservar elementos de una tradición local y, al mismo tiempo, dialogar con recursos escénicos desarrollados en otros lugares.
El encuentro cultural, por tanto, no exige borrar las diferencias para encontrar puntos en común. Puede comenzar precisamente cuando esas diferencias se hacen visibles y dejan de ser motivo de distancia. Compartir un escenario no significa contar una sola historia, sino permitir que varias historias existan al mismo tiempo.
En ese sentido, la apuesta del festival se inscribe en una conversación más amplia sobre la diplomacia cultural: las relaciones entre países también se construyen mediante intercambios entre sus sociedades, sus artistas y sus públicos.
La Declaración de los Líderes de los BRICS de septiembre de 2026 reconoció el valor de iniciativas como los festivales de teatro y cine para mostrar la diversidad cultural y fortalecer los vínculos entre los pueblos.
Pero el valor del teatro va más allá de su utilidad diplomática. Una obra puede representar a un país, aunque no tenga la obligación de resumirlo; puede acercar a un público a una tradición, aunque no elimine todos los malentendidos. Su fuerza está en ofrecer una experiencia concreta: sentarse frente a otras voces y dedicar tiempo a escuchar una historia que quizá nunca habríamos buscado por nuestra cuenta.
En tiempos en que las relaciones internacionales suelen explicarse a través de acuerdos, cifras, disputas y alianzas, los encuentros artísticos recuerdan que los países también están hechos de relatos, prácticas y experiencias humanas. La cultura no reemplaza la política ni resuelve por sí sola las diferencias entre sociedades, pero puede crear espacios para conocerlas desde otra perspectiva.
Quizá ahí reside la verdadera posibilidad del teatro como puente: no en hacernos creer que somos iguales, sino en permitirnos descubrir qué podemos comprender de los demás sin pedirles que dejen de ser quienes son. Cuando se apagan las luces y comienza una función, las culturas no desaparecen detrás de una historia universal. Llegan con toda su singularidad y, por un momento, encuentran un lugar compartido.
Fuentes: Ministerio de Cultura de India: anuncio oficial del Festival de Teatro de los BRICS 2026. Declaración de los líderes de los BRICS, septiembre de 2026