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América Latina crecerá poco: ¿qué significa esto para los hogares y empresas de la región?
  • Lizeth Ortega Cubillos
    periodista y especialista en comunicación digital
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ratificó hace unas semanas que la región crecerá un 2,2% en 2026, una décima menos de lo previsto anteriormente, al tiempo que advirtió que este ritmo resulta insuficiente para elevar el ingreso por habitante y superar las brechas de desarrollo.

“América Latina y el Caribe completaría cinco años consecutivos con un crecimiento de alrededor de un 2,3 %, en promedio, una tasa insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante, cerrar las brechas de desarrollo o ampliar significativamente los espacios de política”, alertó la Cepal en su informe.

Al respecto, Jorge Carrillo Acosta, experto en finanzas de Pacífico Business School, mencionó al Social Research Center (SRC) que son varios los factores que están limitando el crecimiento de la región; por un lado, un tema coyuntural como los efectos climatológicos que están golpeando fuertemente a algunos países como Perú, Ecuador, Colombia y Chile.

Semanas atrás, Germán Poveda Jaramillo, investigador en cambio climático e hidrología, explicó al SRC que los eventos asociados a El Niño pueden generar, por ejemplo, sequías y olas de calor en Colombia que afectan la agricultura y la generación de energía, mientras que en Perú y Ecuador las lluvias intensas pueden provocar inundaciones y deslizamientos que también generan perturbaciones en la economía.

Sin embargo, Carrillo Acosta recalca que, de fondo, una razón estructural del bajo crecimiento en América Latina es la baja productividad de la región, estrechamente relacionada con los altos niveles de informalidad laboral. Varios datos respaldan esta afirmación: de acuerdo con el Latin American Economic Outlook 2025, elaborado por la OCDE, CAF, la CEPAL y la Comisión Europea, la productividad laboral de América Latina creció apenas un 0,9% anual en promedio entre 1991 y 2024, frente al 1,2% registrado en los países de la OCDE.

Asimismo, la CEPAL, en su Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026, señala que la productividad laboral de la región se mantiene estancada, en un contexto marcado además por altos niveles de informalidad.

Pero a esta baja productividad se suma otro factor importante: los bajos niveles de inversión. Carrillo Acosta advierte que la región todavía se encuentra lejos de los niveles de inversión de otras partes del mundo, una situación que claramente termina limitando las posibilidades de crecimiento económico.

Ahora bien, un bajo crecimiento económico no solo se refleja en las cifras macroeconómicas, sino que también termina afectando los ingresos de los hogares y las oportunidades laborales. “Un bajo crecimiento lamentablemente genera que no haya mejor empleo o un empleo de mayor calidad, porque un poco crecimiento refleja una poca inversión y, a su vez, pocas oportunidades de empleo digno. Y esto, por supuesto, afecta los ingresos de los hogares”, asegura Carrillo.

Entre los más vulnerables se encuentran los sectores de clase media cercanos a niveles de pobreza, señala el experto, quien advierte que, ante un crecimiento débil, también se reducen las oportunidades de estos grupos para mejorar y fortalecer sus condiciones económicas.

Entretanto, a nivel empresarial, aunque los efectos de un período de bajo crecimiento pueden extenderse a distintos sectores, Carrillo identifica a las micro y pequeñas empresas (MYPES) como las más vulnerables, debido a su menor tamaño y capacidad para resistir períodos prolongados de dificultades económicas.

¿Qué países de la región están mejor posicionados frente a un bajo crecimiento?

Al respecto, el experto en finanzas menciona que, en general, América Latina no presenta mucha disparidad, pero destacó que sí hay algunos países de la región que cuentan con ciertas ventajas. Por ejemplo, Perú y Chile podrían estar mejor posicionados principalmente por su condición de países mineros. El crecimiento sostenido de productos como el cobre y el oro podría darles una ventaja frente a otras economías y contribuir a impulsar su crecimiento.

Carrillo también destaca el caso de Venezuela, que viene de una situación económica particularmente deteriorada y, precisamente por partir de una base baja, podría registrar un crecimiento importante de su Producto Interno Bruto (PIB) durante su proceso de recuperación. A esto se suma su condición de país petrolero, un factor que también podría favorecer su desempeño.

Además, Argentina, que también atraviesa un proceso de recuperación tras una fuerte crisis económica, podría mantener una trayectoria ascendente, según Carrillo.

Ahora bien, ante este panorama, ¿qué deberían hacer los gobiernos para impulsar el crecimiento?

Jorge Carrillo considera que una de las principales prioridades debe ser generar condiciones de estabilidad, pues, explica, los conflictos sociales y políticos pueden afectar negativamente a las economías de la región al generar incertidumbre y desincentivar la inversión. “El tema de los conflictos sociales y políticos no le hacen bien a la economía porque espantan la inversión, entonces se deben generar estabilidad para promover la inversión”, dice.

Otro de los aspectos fundamentales a tener en cuenta es promover la formalización laboral. Los altos niveles de informalidad que persisten en América Latina continúan siendo uno de los principales problemas estructurales de la región, por lo que, según el experto, los gobiernos de cada país deben asumir un papel activo para promover la transición hacia empleos y actividades económicas formales.

Fuentes:

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